Objetivo:

viajar en la bicicleta, Rocinante, por diferentes culturas. Vivirlas, empaparme de ellas, de la lentitud del viaje, de las sensaciones, olores, sonidos, emociones y consecuencias. Ser esponja del mundo que me rodea en cada momento. Crecer un poco más, para ser más humano, sencillo, abierto. Y compartirlo.
De momento, Vietnam, Camboya, Tailandia, Malasia...














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miércoles, 19 de octubre de 2011

He visto, he sentido, he olido.... en Saigón. Ho Chi Min

Hoy me levanté, como siempre, temprano. Más o menos a las 6.30. Tras lo de rigor, a la calle. Pasé por un mercado, y luego, andando andando, me perdí. No se que tiene esta ciudad pero, o te pierdes o te pierdes.
Perdido como estaba, entre en un monasterio para, oh cielos, aclararme. El monasterio era Budista, y el monje, también.
Para quedar bien, y por amor a buda, le eché unos miles en la curiosa caja fuerte donde reciben los parabienes y, en consecuencia, me quiso vender la tostada. Díjele que era ciclista y que poco money tenía. Pero no se dio por vencido y, tras indicarme que me metiera en gugle, me instó a estudiar el budismo.
Anduve y anduve, tanto, que me dio un bajón. Ví a lo lejos un carrito de una abuela, con lo que yo llamaría  plátanos. Por cuarto de dólar, compre un buen manojo. Y..., caramba, parecía patata medio dulce, o plátano apatatado. Raro, la verdad. Pero me vino de cine. Se ve que también contienen potasio.
Y continué andando. En eso, el cielo se encapotaba levemente. Calle tras calle llegué, sin buscarlo ni pensarlo, a dar con una maravillosa y mínima "fotomecánica". Me vino a la cabeza que Rocinante es Rocinante y que necesita, para acallar confusiones, y trabajo a mí, en  potofó, (para borrar la marca del cuadro), aclarar las cosas.
mercado 

mercado

mercado

Se protegen

Sin faltar a la verdad, el monje me colocó tal cual, pero al milímetro


El monje fotógrafo y mi menda

Si este señor se va al foro a restaurar Vespas, se forra. Qué lujo

Este es otro. Vespa

cortando el hielo como cuando yo era chiquitito

en moto se transporta todo

trabajo gozoso con herramientas

parte de mi compra de "platanos". La otra parte estaba en mi tripa y un ratillo después, éstos también

Mis palillos, y lección de cómo se cojen

Que vas en la moto y te da sueño. Pues paras y siestecita

El mejor trabajo del mundo

Con los carteles acabados

Y yo me pregunto: ¿y si frena de golpe?. No lo quiero ni pensar. Están locos éstos romanos!
Se me ocurrió preguntar a cuánto el vinilo y la respuesta me dejó turulato: los dos carteles, con su nombre, para pegar en el cuadro de la bici, inmaculados: 2,5$. Pues hágame 10, le dije, y de paso, me escriba, en redondilla y por las dos caras, la ruta de mañana.
Y, como como colofón, a mis largas y no premeditadas perdidas, y al anuncio de lluvia, que luego cayó, me compré un impermeable para mí y Rocinante, todo en uno.

Comidas: Bocata de pan con mantequilla y mermelada, más té, sandwich de jamón y queso al horno más croissant, sopita, sin hierbajillos (no fastidiemos con los recaditos), de fideales de arroz con cosas, arroz con pollo, que estaba de chuparse los dedos y cuatro cervezas, todas juntas. De agua, como 4 litros, más una botella de algo de aquí, tipo, nestia y una pessi.


También he visto, sonrisas, e incluso muchas risas, sobre todo cuando, perdido totalmente, bastante de noche, un grupo de policías amigables, me saludaron y me dijeron: ¿A dónde vas? (Y lo entendí) y les respondí: No lo se!

Por cierto, de Miguel, no sé más que va camino del Rajastán (o como se escriba). ¿Por donde andas, hijo?

lunes, 17 de octubre de 2011

Ciudad Ho Chi Min

Hoy, he salido para hacer unas compras que tenia pendientes: bañador, zapatillas de dedo, un pantalón con varios bolsillos, etc. Y alucino en colores. Os adelanto, lo primero de todo, que voy a pie y que Rocinante, esta cabreado dentro de su cajita, para que no se escape. El motivo es el caótico trafico que tiene esta ciudad. Hay motos a millones, ninguna norma de circulación y muchas personas, fuertes olores, alta contaminación... Y buen rollo.
Pero claro, tengo que acostumbrarme visualmente a ello porque, de verdad, es alucinante. Para cruzar, hay que hacer carrera. Estudiar, me refiero, porque correr es lo único que no has de hacer, si no quieres que te atropellen.
En la calle se hace todo (menos lo que se hace en privado, mal pensados) y tengo que decir que esta muy limpia. Los comerciantes barren constantemente las aceras y no se entra en la mayor parte de los sitios con zapatos. Con la comida, también estoy impresionado. Realmente no se que como. Pero nada. Bueno si, el arroz si lo reconozco y eso que es mucho mas pequeño que el valenciano. Pero comiendo en los puestos o restaurantes de ellos, la comida cuesta unos 35000 dongs, o sea, una pasta, jajaja (1,70$). Y no esta mal. Bastante espaciada y, a veces, picantona.
Y son muy simpáticos, en cuanto te ríes, ellos te superan. Asi que, lógicamente, exceptuando que ya me he gastado algún millón que otro, estoy muy contento.
Carnes de algo.

Esa señora esta justo en la puerta de mi hostal

Los bolardos se fabrican en la calle, allí donde se van a poner.

Contrastes. Fuertes contrastes

Hago justicia al arquitecto, porque el edificio,  al margen de gustos,  para mi es bonito

Transporte de cosas (todas), en moto y señor cortando la acera con su hamaca que hace que me tenga que jugar el tipo al rodear el árbol

A lo tonto, casi me pinchan

Transportando un marco para el cabecero 

Mi nuevo bañador, jejeje. Ella, la que me hacia la foto y la madre de las dos... estaban flipaditas

Con Thich Quang Duc

Esta es la cenita, de momento, de hoy. Las pelotillas, eran de goma, pero de la buena. A pesar de todo, me las he comido y luego hice el paseo botando. Me han intentado enseñar a usar los palillos. Nos hemos reído un montonazo. Al final tenedor y cuchara. Los cuchillos no existen

Esto es una imagen, poco acertada del tráfico.

Después del colé, practican bailes como folclóricos

domingo, 16 de octubre de 2011

Mientras se descarga el skipillo, os cuento algo

Salí de Madrid, con el corazón y la mente embotados. La verdad es que soy un blandengue y, entre unas cosas y otras, más de unas, que de otras, me derrumbé justo antes de pasar los controles. Nada más pasar a controles, al pasar bajo el arco de seguridad, la alarmita se dispara. Me paran. Me preguntan que si llevo algo en los bolsillos. Nada, respondo. Me cachean y no encuentran nada. Se lo toman en serio y me vuelven a cachear, pero con detalle. Todas las costuras salientes fueron meticulosamente estudiados (con mucho respeto, eso sí). Finalmente, como no podía ser de otra manera, unas mínimas llaves de un mínimo candado que mi hijo me dio para cerrar los tiradores de la maleta, eran las culpables. Se habían metido en ese embudillo que hacen algunos bolsillos de los pantalones y por más que me miraba y miraban, no las detectábamos.
Con el corazón encogío me tragué, aprox. 15.000 kilómetros de avión, con escala en Doha y Bangkok. Llegué a Ho Chi Min City molido y, ni la alegría del reencuentro con Rocinante, me alegró el espíritu.
En el camino, metí la pata en Doha. Dado que mi inglés es little, me requeteinformé de cúales eran los pasos que debía realizar en el cambio de avión de Doha: "sales del avión, habrá un autobús para los que hacéis transito, te subes a él y, ojo, hará dos paradas. En la primera, que es naranja, tú ni miras. A la segunda que es amarilla, mira, como el sobre donde llevas el billete, que es amarillo, te bajas. Así de fácil.
Bueno, pues de eso que tan bien llevaba aprendido, nada. Todos los del avión, en un único autobús y para la terminal de llegadas. De amarillo nada y de naranjas, las que se comían unos mozos. Se me dispararon las alarmas. Al entrar, una inmensidad de personas y cinta de escaneo de material. El tiempo total del tránsito era de hora y media. Las alarmas subieron una octava.
Finalmente, me tocó el turno en el escáner. Cinturón, las llavecitas, la mochila y la bolsa del tesoro (dinero, cámara, pasaporte, billete avión, etc). Mi nerviosismo (y soy una persona tranquila, creo, jajaja) aumentaba. Y las octavas, también
Como consecuencia de ello, me de dejé la bolsa del tesoro, que iba la última en la cinta y que, casualmente, se atascó o la pararon cuando ella estaba dentro. Cogí la mochila. las llavecitas, el cinturón y salí escopetado y, de repente, al ir a buscar el billete para preguntar por señas, si iba en la buena dirección... Horrorrrrrrrr ¡la bolsa del tesoro!. El viaje entero a tomar por el culo. Sin billete, ni dinero, ni pasaporte, ni tan siquiera la máquina de fotos para fotografiar mi cadáver, en Doha, quedé muerto en vida y mi espíritu se desvaneció. Las octavas alcanzaron su máximo agudo y todo el aeropuerto se ensordeció.
Mientras tanto, una vez recuperada la respiración, corrí de vuelta al escáner y, oh Murphi, amigo mío, allí estaba ella, en el extremo, abandonada y sola. Me tiré en plancha a recuperarla, pero el policía no estaba dispuesto a que un "listo" que atacaba por retaguardia, se hiciera, sin más explicación, con el botín. Finalmente todo se arregló, razón por la cual estoy escribiendo esto ahora mismo.
Desde allí, a Bangkok, escala sin bajarse del avión de una horita larga y tras un último vuelo, Ho Chi Min.
Aquí tocaba "afianzar" el visado, tras la primera parte realizada por internet desde Madrid. Nada especial, unas colas de nada, una espera de un poco más que nada, un pago de 50 dólares y a por Rocinante.
Tengo que reconocer que estaba molido, con el estómago hecho una breva y con el pulso, aún un poco trastocado de modo que, cuando un "taxista" con una furgoneta (este país es maravilloso, parece que buscarse la vida no es ningún problema), me entró, al verme con semejante equipaje (la caja de Rocinante, la maleta donde van las alforjas, la mochila y la bolsa del tesoro), enseguida llegamos a un acuerdo.
He cenado, he paseado y ahora me estoy durmiendo.






Vietnam. Aquí estoy.

Luego escribiré más, pero para los que estáis esperando a tener noticias de mí, deciros que estoy en el hostal en Ho chi min, que todo ha ido muy bien y que hace un calor húmedo, que pela.