Objetivo:

viajar en la bicicleta, Rocinante, por diferentes culturas. Vivirlas, empaparme de ellas, de la lentitud del viaje, de las sensaciones, olores, sonidos, emociones y consecuencias. Ser esponja del mundo que me rodea en cada momento. Crecer un poco más, para ser más humano, sencillo, abierto. Y compartirlo.
De momento, Vietnam, Camboya, Tailandia, Malasia...














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martes, 8 de noviembre de 2011

Ha Tien y alrededores. 35 km.

Me he quedado en Ha Tien. Ayer me dio buena onda y decidí hacerla caso. Ah, jajajajaja, pero antes de continuar, ¿a que no sabéis una cosa?. Esta mañana tampoco me han dado desayuno, jajaja, y eso que tengo un papel del pavo o pollo, como queramos llamarlo, donde pone el precio de la habitación más desayuno.
Pues nuevamente, como el pavo es otro, risas y que me vaya a la plaza, que están muy ricos. Pero ¿quién protesta pagando 6 $., por habitación estupenda?. Yo desde luego no, por mucho que me digan cosas que luego no son. Tampoco hay que abusar. Pero tiene su gracia, jajaja.
Y sí, el desayuno estaba rico. Me desayune una especie de crep, de verduras y mini gambitas, y luego un a modo de churro, más bien porra, gorda, muy gorda rellena de pescado y más gambas. Muy crujiente. Y un refresco de té, a los que estoy abonado. Total 1,7$.
Y a pasear. Sin rumbo. Bueno sí, rumbo llevo, lo que pasa es que luego la gente no se explica y, por más que les enseño mis notas, pues nada, que no. En esos casos, Rocinante toma el solo el camino, gira aquí, cruza allá, se interna por acullá, y acabamos atascados en la maleza.
Esta mañana ocurrió eso. Tomamos un camino, que luego se convirtió en vereda, que más tarde era sólo erosión y finalmente, nada. Nada de nada. Las naturaleza nos acorraló de tal manera que tuve que abandonar a Rocinante y escapar hacia el mar que, con mucha fortuna, lo llevábamos al lado.
Es una pena que no pueda poner un cachito del video para que veáis dónde estaba Rocinante metido (y yo)
pero la naturaleza nos rodeo de tal manera que nos convertimos en naturaleza también nosotros mismos.
Pude salir al mar, que afortunadamente, estaba cerca, y por ahí, Rocinante y yo separados, llegamos hasta el poblado de pescadores que, poco antes, en un recodo, habíamos divisado.
Hacía un calor húmedo potente y mi cara no debía ser muy bonita porque, al poco de llegar a tan maravilloso sitio, un muchacho me regaló un helado de yogur y coco, que me supo a gloria.
El helado lo hacen metiendo el ingrediente en una bolsa de plástico cilíndrica y pequeña y cerrando la parte superior con una goma del pelo. Y a congelar.
Me costó trabajo llegar a la carretera y, por el camino pasé por un arrozal muy guapo y verde y me hice una foto. Al llegar a la carretera, tiré a la izda., porque a la derecha intuía que estaba Ha Tien. Y llegue a un Templo budista porque antes de llegar oí una música que envolvía el valle y, siguiéndola, como los perros siguen las estelas de los olores, levitando, como aquel que dice, de repente nos vimos inmersos en una sala donde los músicos regalaban, a quien quisiera escucharlo, una música celestial.
Después de los saludos, me indicaron que por la noche había fiesta y que debería ir. Quedamos para las 20h.
A toda máquina, Rocinante y yo fuimos en busca de comida y, satisfechos, fuimos de aquí para allá, miroteandolo todo, hablando casi nada y riendo mucho.
En nuestro divagar, encontramos un fábrica pelagambas. Es curioso, pero haciendo cuentas, grosso modo y de cualquier manera, calculé que una persona de las que allí trabajan, pueden pelar una media de 40 gambas al minuto. como mínimo. Había como 60 personas. Calcular las gambas que se pelan al día. Yo lo hice, y salen un millón y pico de gambas diarias. ¿Quién se come tanta gamba?.
Claro, con tanta gamba, me las daban crudas para que me las comiera y yo, por no hacer el feo, las cogía, las metía en la boca y haciendo que las masticaba, primero, las guardaba debajo de la lengua, luego en los carrillos y más tarde, tuve que salir, fingiendo un ataque de tos, a tirarlas entre unos arbustos, jajajaja.
En otro sitio dí con los manglares y en otro con un astillero al que hice una prolongada visita. De momento me meto por todos los sitios, saludando y preguntado y, hasta ahora, la respuesta es afirmativa. Igualito que en occidente, me decía mi abuelo.
Después me comí un plátano raro asado. Aquí hay mucha variedad de plátanos, platanos como los "nuestros", plátano patata, patata plátano y platanobalú. Pues me comí dos de ellos. Estaba rico. Durillo y pelín correoso por fuera y dulce y medio blando por dentro.
Después de cenar, me fui, en plan sprint, a el templo. A una media de 25 Km/h., recorrí los 5 largos kilómetros y cuando llegué, me subí a pedaladas, la cuesta de entrada. Empinada, pedregosa y entre personas. Plato chico-piñón grande. Pero decidí ofrendársela a Buda por su fiesta, ya que todos le llevaban regalos y yo no.
Algúnos vítores me echaron y una legíon de niños, sobre todo, fue a mi encuentro en la cima, donde caí derrengado y exhausto, mientras Buda me guiñaba un ojo, complaciente.
Aparqué y candé a Ricinante donde pude y, al principio temí encontrado desnudo a mi vuelta. La colección de pulpos, las luces de las botellas, la trasera.... lo que hizo, que al principio, vigilara con obsesiva fijeza mi montura. Una vez más relajado, y viendo que todo el mundo estaba a la fiesta, me uní a ella y disfrute de un ir y venir por todos los sitios.
Y mañana, quizás, quizás a Cambodia. A tope!!!!!



Lo amarillo y lo siguiente, fue mi desayuno.

Arrozal guapo

Salida de un colegio

Me compré un bollo de esos para el desayuno

En el mercado de verduras

poblado pescador al que casi no podía llegar por la naturaleza

La pesca del día

Preparando las redes

Ha Tien

Búfalos




Flor a la que yo he bautizado La española

Tamando un jugo de caña con los parroquianos

El niño más alto, le dio a una piedrecita, que yo puse a 2 metros y la desintegró

Casas de cuento vietnamitas

Vaya sitio y vaya árbol

Monje infantil. Gracias. 

Buda sonriente

Fábrica de pelagambas


manglares



Astilleros


Dos de esos plátanos me comí




lunes, 7 de noviembre de 2011

Phu Quoc - Ha Tien. Vietnam. 29 km.

Con cuanta tristeza, abandonamos Rocinante y yo "nuestra" querida isla. Ya le habíamos cogido el gusto y nos encontrábamos como en casa, salvando las distancias. Las distancias de los seres queridos.
Y, para colmo, esta mañana jarreaba de lo lindo. Rocinante y yo tuvimos una conversación sobre este hecho. El, abogaba por quedarse, seguir excursioneando por las montañas, total, decía él, apenas hemos visto una miajita. Que si un caminito por aquí, otro por allá. Además, con la lluvía podía pegar un patinazo y romperse una pata y, de añadidura, tenía la cadena muy sucia y no podía casi andar (mentira, estaba níquel. La limpié yo y apenas la hemos usado).
Tuve que prometerle, inmensos bosques y montañas, nuevas rutas, caminos desconocidos llenos de aventuras, aceite para la cadena y llevar sumo cuidado, para no resbalar. Y aún así, me costo trabajo ponerle de camino.
Salimos con gran fortuna, sin lluvia ni huracanes, cargados hasta los topes y despidiéndonos con lágrimas en los ojos de nuestros caseros y sin fotos. Las emociones no daban para ellas. Además, aquí, la costumbre de darse las manos, no está tan extendida y, como la palabra no la puedo usar, sólo me quedaban miradas de cordero. Eso sí, habían llegado dos parejas de españoles, unos, y gaditana y alemán, la otra. Con ellos sí pude parlamentar y despedirme con palabras. Me sentó de maravilla, hablar y hablar, cotorrear. Muchos saludos, gaditana, alemán y mallorquines!!!.
Con empeño, como todas las mañanas, me enfrenté a mi cuesta de salida. Pero hoy íbamos cargados hasta las trancas y no era lo mismo. El asfalto mojado se pegaba a las ruedas como pegamento y una cuerda parece que tiraba para atrás de nosotros. Caramba!. Estamos apañados!. Y que va a ser de nosotros cuando lleguen las grandes cuestas que, queramos o no, vamos a tener. Ay, madrecita del alma, quiero espinacas!.
Coronamos porque no había más remedio y el orgullo se impuso. Coronamos,, incluso con ciertos brios, con la lengua fuera, los mofletes colorados y la frente sudorosa, pero coronamos y chillamos de alegría, porque era la primera y estaba vencida.
En la cuesta abajo, ya no iba tan deprisa y sobrado como el otro día contaba, pero las rodillas subían y bajaban, con cadencia, con la intermitencia de las pedaladas y recobramos la sonrisa, y el ritmo y las fuerzas. Y en un pedal, pedal, llegamos a puerto, dándole lo que podía darle, no más, que las galladas se pagan.
La comida de despedida en el restaurante de manteles y sillas vestidas, paso por taquilla y al barco.
Hoy no pude ver cómo preparaban a Rocinante porque me metieron a mi primero. La travesía fue más bien tranquila, con algunas olas en algún momento y pasando por varias islas cerca de Ha Tien.
Cuando llego a los sitios, me cuesta orientarme pero, hoy, que llegamos con tiempo suficiente, pude disfrutar de perderme alegremente, dar vueltas y vueltas, hasta encontrarme y encontrar un hotel estupendo, cama grande, tv, aire, baño y ventana y dicen que con desayuno, jajajaja, ya veremos. Y por sólo 6 $. Genial.
Así que, después de dejar el equipaje, mandar unos correillos rápidos y darme una ducha más rápida aún, salí de excursión bicicletera otra vez.
Me ha gustado lo que he visto y no sería raro que me quede aquí mañana también, viéndolo de día y tranquilidad y decidiendo si voy a Camboya o no, joé, que lo de los templos de Angkor me tiene a mal traer. Los españoles de la Isla, me han dicho que tengo que ir, que estando tan cerca es de locos dejarlo. No sé. Igual, si voy, sería del tirón, sin demasiados enrolles colaterales pero, claro, ponle a Rocinante una zanahoria delante.
Una pequeña anécdota. Cuando estaba sacando el billete del barco, con una pared de por medio, a media altura, me han querido birlar una de las luces de destellos que llevo en las botellas de la suspensión pero, jajaja, el sistema de seguridad de dicha luz, que lleva además del velcro, una goma bien tensada, se lo ha impedido. Además han tocado las palancas del cambio, pero a eso ya estoy acostumbrado. Cada vez que paro, y se acerca alguien, zás, dedo a las palancas, pero no me extraña. Es que yo también lo haría, son tan llamativas. Y encima, cuando las das, hacen, clac, clac, clac.
Lo único es que, cuando me monto, la cadena está hecha un lío saltando de piñón en piñón.

Desde una ventanilla del barco rápido

La azafata dando toallas y una minibotella de agua

El estupendo hotel en el que estoy alojado

Gallinas a la venta, mientras sus vendedoras cena.

El fruto que mañana me voy a desayunar

Sacando la pulpa a un coco


Pareja de vendedores descansando

El que suscribe y un monumento detrás 

Preciosa y huidiza niña en conjunto escultórico



El Sr. empresario de los plátanos. Potasio puro

Gallo del país

Embarcaciones con gran astillero al fondo. No parece que la crisis afecte

Poblado rural

Capillita que hay en todas las casas y, a veces, en medio de la nada

Puesto nocturno

Maravillosa cena. Tazón de sopa y ese plato. Rico, rico. 1,7 $.

En realidad quería hacerles una foto a ellas, que se escondían detrás de mi para que no las fotografiara