My passport is here. Yujuuuuu. Por fín me han devuelto el pasaporte con todos los sellos y bendiciones para que pueda estar en Thailandia dos meses. Jartito he quedado. Y no por el hotel, que es gente maravillosa, ni por montar en Rocinante, porque he montado razonablemente en estos días. Más que nada, porque estar parado en un mismo sitio, sobre todo como este, que no tiene ni playa ni nada, pues se me hace aburrido. Además es muy grande y hay muchísimos guiris, la vida es carilla y no conozco a nadie, pues los turistas del hotel, vienen y se van, tan contentos.
Dediqué el día ha preparar el viaje de Thailandia. Las paradas y tal, aunque luego haré lo que me de la gana, jajaj, que para eso voy solo. Tengo entendido que también allí puedes dormir en los Templos y, ahora sí, voy a hacerlo, porque tengo que ahorrar. Aquí he gastado más de la cuenta y tengo que recuperar lo gastado como sea. Ese será el motivo por el que, seguramente, habrá escasez de noticias mías en el blog, en el día a día, eso sí. Ya comenté, que aunque no lo publique, lo voy escribiendo y cuando tenga conexión, pues todo de golpe. Lo siento.
También me di mi primer masaje, en la habitación del hotel. La masajista no era maravillosa en su técnica, pero no me ha lesionado y siempre es un placer que, durante una hora, te estén toqueteando los músculos, distendiendolos y tal. No ha sido caro, creo, 5$. En Thailandia creo que son mejores en la técnica y más baratos. Si es así, abusaré, jajaja.
La etapa, en la que sí que creo que publicaré, para llegar a Thailandia es de tres días, como mínimo 2, aunque eso es más de lo que tengo pensado recorrer por día. Veremos como me encuentro.
Y también me he dedicado a repasar a Rocinante. He reparado las dos cámaras pinchadas, limpiado la montura y engrasado los elementos móviles. Resulta que el puñetero bote verde, que compré antes de salir de Madrid, era limpiacadenas. Desengrasante, vamos. Estaba en el estante de los aceites y yo no me leí las características. Claro, por más que "engrasaba", más aceite quitaba, jajajaj. Hoy me he leído las instrucciones y he salido del engaño. Con razón la cadena sonaba tanto.
Salgo otra vez con ropa limpia, bicicleta nueva y los bolsillos vacíos. A por el tercer país. Y hoy no hay fotos, que la cámara también tiene derecho a un descanso.
Vooooooy!!!
Soy el padre de Miguel y éste blog, lo inicié cuando el comenzó su viaje de Pozuelo de Alarcón a Sydney. Eran mis impresiones pues él, ademas, tiene su página web: www.viajarenbicicleta.com. Ahora yo inicio el mío y él y yo, de momento, nos comunicamos poco. Por tanto, este blog, a partir de ahora, será más de mi viaje, aunque teniendo en cuenta que nos encontraremos, en algún momento será de los dos. Prohibida cualquier reproducción total o parcial, incluidas las imágenes, del mismo.
Objetivo:
viajar en la bicicleta, Rocinante, por diferentes culturas. Vivirlas, empaparme de ellas, de la lentitud del viaje, de las sensaciones, olores, sonidos, emociones y consecuencias. Ser esponja del mundo que me rodea en cada momento. Crecer un poco más, para ser más humano, sencillo, abierto. Y compartirlo.
De momento, Vietnam, Camboya, Tailandia, Malasia...
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viernes, 2 de diciembre de 2011
jueves, 1 de diciembre de 2011
Siem Reap. Templos de Angkor (3ª parte). 39,9 km.
Me quedaba un día de entrada y había que gastarle, que costó muy cara. Además, le he ido cogiendo gusto al asunto de los templos y, cuando no me ve nadie, me visto de naranjillo. Así encajo mejor. Ya digo que, a la postre, monje, jajaja.
Y, además me van a nombrar ciudadano de honor de Siem Reap, dada mi larga estancia en ésta ciudad. Y tengo privilegios. Uno de ellos, es no poder irme de aquí hasta que no tenga mi pasaporte, jajaja.
Aunque parezca mentira, he vuelto a gozar de la excursión y, encima, apenas me han dolido las piernas, nada la cabeza y apenas los brazos. También he vuelto a variar un poco la colocación del sillín porque no termino de ir cómodo y, parece, que algo ha mejorado. Ya veremos cuando pasen los kilómetros.
Para ver los templos hay dos recorridos. Uno grande y un pequeño. Y otros, a invención del que los recorre. Este es mi caso, porque tengo la fea costumbre de meterme por los caminos que van saliendo a mi paso. Me meto, me pierdo, me encuentro y me vuelvo a perder. O me pierdo directamente.
Hoy he parado a ver un templo. He aparcado a Rocinante en un árbol, como hacen los vaqueros con sus caballos y me he metido a verlo. Al salir, me he preguntado: ¿Por dónde he venido?. Por la izquierda o por la derecha?. Ello obedece a que no llevo orden, como digo y lo mismo voy para un lado que para el otro.
Total, que he tenido que mirar las huellas de Rocinante en el suelo y asunto solucionado.
Lo malo de éstos templos es que tienen unas escaleras muy abundantes y con una pendiente del 80%, aproximadamente. Añadir que los escalones, excepto cuando los hacen de madera, o sea, los originales son muy, muy altos. Y las piernas, que llevan millones de pedaladas, chillan en cada uno de ellos. Sin embargo, los japoneses, se los suben de carrerilla, da igual que tengan 150 años. Algunas son muy altas y cuando digo muy altas, digo que, aquellos que sufrimos de vértigo, lo pasamos mal. No tanto al subir, no, porque vas viendo los escalones delante de tus narices, pero al bajar no es así, ves el vacío y me quiero caer a él.
Y para evitarlo, busco una persona, a ser posible alta, que vaya delante de mi. Pero claro, altos, altos, no hay tantos y entonces me tengo que quedar a vivir arriba, hasta que llega alguno, hace su recorrido y luego baja. Si por lo que sea, me agarroto, pues a esperar a otro. Total, que hoy no me he subido nada más que a uno, jajaja.
Resumiendo de los templos. Son magníficos, muchos, variados y, aunque parecidos, si te pones, con cada uno te quedas impresionado.
Hoy, al final de mi recorrido, el templo estaba en una montaña, que no sé si la harían los antiguos con pala y arena, ya que en los alrededores no hay absolutamente ningún promontorio aparte de éste. Y no me extrañaría, ya que los lagos que tienen algunos a su alrededor, casi todos, me he dado cuenta hoy, están vaciados, pues el suelo es plano, como digo. Y en algún lugar tendrían que tirar esa ingente cantidad de tierras que sacaban. No he oído hablar de esto en ninguna guía ni a ninguna persona, pero los arqueólogos deberían estar atentos a esta observación. Escribiré al gobernador para informarle. Lo cierto, es que mientras todo el mundo, subía con la lengua fuera, yo, debe ser por la bicicleta, me lo he subido en cuatro saltos.
Pero no todo han sido templos y japoneses, también ha habido bichitos que hoy se han aliado conmigo para que los viera. No tanto como las culebras y serpientes, las pobres que, como mínimo, cada medio kilómetro veo una aplastada en la carretera. Y ratas. De ambas especies, ves cantidad de despachurramientos y, algunos, con el paso de los vehículos y el tiempo, quedan como fosilizados en el asfalto. Quizás un día dedique unas fotos a éste aspecto, no muy agradable, por cierto.
Sin embargo, una mariposa, mientras hacía las fotos a uno de los templos, se ha posado en mi pie, aunque me los lavo a diario, y me ha dejado fotografiarla a placer. Hemos quedado ésta noche para invitarla a un zumo.
Y mañana, no sé que haré. Ya he visto casi todo. Igual, en lugar de escribir al gobernador, le hago una visita y le cuento, en persona, todas las cuestiones.
Y, además me van a nombrar ciudadano de honor de Siem Reap, dada mi larga estancia en ésta ciudad. Y tengo privilegios. Uno de ellos, es no poder irme de aquí hasta que no tenga mi pasaporte, jajaja.
Aunque parezca mentira, he vuelto a gozar de la excursión y, encima, apenas me han dolido las piernas, nada la cabeza y apenas los brazos. También he vuelto a variar un poco la colocación del sillín porque no termino de ir cómodo y, parece, que algo ha mejorado. Ya veremos cuando pasen los kilómetros.
Para ver los templos hay dos recorridos. Uno grande y un pequeño. Y otros, a invención del que los recorre. Este es mi caso, porque tengo la fea costumbre de meterme por los caminos que van saliendo a mi paso. Me meto, me pierdo, me encuentro y me vuelvo a perder. O me pierdo directamente.
Hoy he parado a ver un templo. He aparcado a Rocinante en un árbol, como hacen los vaqueros con sus caballos y me he metido a verlo. Al salir, me he preguntado: ¿Por dónde he venido?. Por la izquierda o por la derecha?. Ello obedece a que no llevo orden, como digo y lo mismo voy para un lado que para el otro.
Total, que he tenido que mirar las huellas de Rocinante en el suelo y asunto solucionado.
Lo malo de éstos templos es que tienen unas escaleras muy abundantes y con una pendiente del 80%, aproximadamente. Añadir que los escalones, excepto cuando los hacen de madera, o sea, los originales son muy, muy altos. Y las piernas, que llevan millones de pedaladas, chillan en cada uno de ellos. Sin embargo, los japoneses, se los suben de carrerilla, da igual que tengan 150 años. Algunas son muy altas y cuando digo muy altas, digo que, aquellos que sufrimos de vértigo, lo pasamos mal. No tanto al subir, no, porque vas viendo los escalones delante de tus narices, pero al bajar no es así, ves el vacío y me quiero caer a él.
Y para evitarlo, busco una persona, a ser posible alta, que vaya delante de mi. Pero claro, altos, altos, no hay tantos y entonces me tengo que quedar a vivir arriba, hasta que llega alguno, hace su recorrido y luego baja. Si por lo que sea, me agarroto, pues a esperar a otro. Total, que hoy no me he subido nada más que a uno, jajaja.
Resumiendo de los templos. Son magníficos, muchos, variados y, aunque parecidos, si te pones, con cada uno te quedas impresionado.
Hoy, al final de mi recorrido, el templo estaba en una montaña, que no sé si la harían los antiguos con pala y arena, ya que en los alrededores no hay absolutamente ningún promontorio aparte de éste. Y no me extrañaría, ya que los lagos que tienen algunos a su alrededor, casi todos, me he dado cuenta hoy, están vaciados, pues el suelo es plano, como digo. Y en algún lugar tendrían que tirar esa ingente cantidad de tierras que sacaban. No he oído hablar de esto en ninguna guía ni a ninguna persona, pero los arqueólogos deberían estar atentos a esta observación. Escribiré al gobernador para informarle. Lo cierto, es que mientras todo el mundo, subía con la lengua fuera, yo, debe ser por la bicicleta, me lo he subido en cuatro saltos.
Pero no todo han sido templos y japoneses, también ha habido bichitos que hoy se han aliado conmigo para que los viera. No tanto como las culebras y serpientes, las pobres que, como mínimo, cada medio kilómetro veo una aplastada en la carretera. Y ratas. De ambas especies, ves cantidad de despachurramientos y, algunos, con el paso de los vehículos y el tiempo, quedan como fosilizados en el asfalto. Quizás un día dedique unas fotos a éste aspecto, no muy agradable, por cierto.
Sin embargo, una mariposa, mientras hacía las fotos a uno de los templos, se ha posado en mi pie, aunque me los lavo a diario, y me ha dejado fotografiarla a placer. Hemos quedado ésta noche para invitarla a un zumo.
Y mañana, no sé que haré. Ya he visto casi todo. Igual, en lugar de escribir al gobernador, le hago una visita y le cuento, en persona, todas las cuestiones.
miércoles, 30 de noviembre de 2011
Siem Reap. 31 km. Templos de Angkor.
Tranquilitamente, que tenía que despedir a la amiga Sia, de la China, me fuí esta mañana a Angkor, mi segundo día de entrada cara, jajaja. Hoy no tenía ganas de correr, además me duele ahora la rodilla izquierda, antes era la derecha. Se ve que tiene envidia.
He excursioneado tan despacio, en bici y andando, que sólo me ha dado tiempo a ver cuatro o cinco templos, incluido Angkor Wat otra vez, que el otro día, con tantos japoneses y demás estaba abarrotado. Sin embargo hoy había muy poca gente y ha sido un verdadero placer. He gozado como un enano. Además me había llevado una hamburguesa del hotel que me ha sabido a gloria, en la puerta Este de Angkor Wat. Y no he dejado tirado el envoltorio. Me lo he guardado en el bolsillo y más tarde lo he tirado a la papelera, jajaja. Para dar ejemplo, porque aquí, las cosas que no se comen se tiran al suelo.
El templo de Banteay Kdei, me ha encantado. Está muy derruido pero es precioso. La verdad es que parece que restauran poco, pero no me extraña, es que tienen templos a millones y de unos tamaños y con una piedras, que no es cosa de empezar a cogerlas y colocarlas una encima de la otra, porque son gigantes y pesan un montón. Pero restaurados, aunque sea con las piedras que están caídas, que no son todas, sería una gozada, tan grande, que por las noches tendrían que ir autocares a recoger al personal que nos abríamos quedado lelos de tanta impresión.
También he visto uno, pequeñito, de ladrillo. El único hasta ahora. Parece que éstos son anteriores a los de piedra. También precioso. Por fuera no me ha sorprendido demasiado, pero por dentro, la torre principal, estaba tallada con unas figuras muy guapas. Prasat Kravan, se llama.
Y hoy he visto monos. Qué curioso, porque hasta ahora no había visto ninguno por esta zona y hoy he visto bastantes (10 o 12, jajaja). Estaban viendo la puesta de sol, comiendo tan tranquilamente. No me he atrevido a acercarme a ellos por si me quitaban la cámara o me daban un mordisco, que nunca se sabe.
Cuando volvía, aún más tranquilo que cuando fuí, al cruzar un rio por el puente, he visto una noria de gran tamaño. está toda hecha de madera, excepto los tubos que recogían el agua, que eran de PVC. Curioso, porque tienen bambú y lo manejan de maravilla.
La única, pequeñita pega es que, cuando llegas a cualquier templo, tienes puestos de bebida, ropa, souvenirs, etc. Y te empiezan a perseguir durante un ratillo, intentado que les compres algo, con una voz tan lastimera y tan insistentes, que lo único que consiguen es que no les compres nada, pues te apetece salir corriendo. Si yo supiera camboyano, les diría que eso a los turistas no nos gusta. Que fueran simpáticos, como son ellos en realidad y alegres, que se contagia y facilita que te gastes los cuartos. Yo les digo que voy en bici y que no tengo parné, pero cuando ven a Rocinante, se carcajean y no pican. Es lo único que los hace reír. Tendré que escribir al gobernador y contárselo.
He excursioneado tan despacio, en bici y andando, que sólo me ha dado tiempo a ver cuatro o cinco templos, incluido Angkor Wat otra vez, que el otro día, con tantos japoneses y demás estaba abarrotado. Sin embargo hoy había muy poca gente y ha sido un verdadero placer. He gozado como un enano. Además me había llevado una hamburguesa del hotel que me ha sabido a gloria, en la puerta Este de Angkor Wat. Y no he dejado tirado el envoltorio. Me lo he guardado en el bolsillo y más tarde lo he tirado a la papelera, jajaja. Para dar ejemplo, porque aquí, las cosas que no se comen se tiran al suelo.
El templo de Banteay Kdei, me ha encantado. Está muy derruido pero es precioso. La verdad es que parece que restauran poco, pero no me extraña, es que tienen templos a millones y de unos tamaños y con una piedras, que no es cosa de empezar a cogerlas y colocarlas una encima de la otra, porque son gigantes y pesan un montón. Pero restaurados, aunque sea con las piedras que están caídas, que no son todas, sería una gozada, tan grande, que por las noches tendrían que ir autocares a recoger al personal que nos abríamos quedado lelos de tanta impresión.
También he visto uno, pequeñito, de ladrillo. El único hasta ahora. Parece que éstos son anteriores a los de piedra. También precioso. Por fuera no me ha sorprendido demasiado, pero por dentro, la torre principal, estaba tallada con unas figuras muy guapas. Prasat Kravan, se llama.
Y hoy he visto monos. Qué curioso, porque hasta ahora no había visto ninguno por esta zona y hoy he visto bastantes (10 o 12, jajaja). Estaban viendo la puesta de sol, comiendo tan tranquilamente. No me he atrevido a acercarme a ellos por si me quitaban la cámara o me daban un mordisco, que nunca se sabe.
Cuando volvía, aún más tranquilo que cuando fuí, al cruzar un rio por el puente, he visto una noria de gran tamaño. está toda hecha de madera, excepto los tubos que recogían el agua, que eran de PVC. Curioso, porque tienen bambú y lo manejan de maravilla.
La única, pequeñita pega es que, cuando llegas a cualquier templo, tienes puestos de bebida, ropa, souvenirs, etc. Y te empiezan a perseguir durante un ratillo, intentado que les compres algo, con una voz tan lastimera y tan insistentes, que lo único que consiguen es que no les compres nada, pues te apetece salir corriendo. Si yo supiera camboyano, les diría que eso a los turistas no nos gusta. Que fueran simpáticos, como son ellos en realidad y alegres, que se contagia y facilita que te gastes los cuartos. Yo les digo que voy en bici y que no tengo parné, pero cuando ven a Rocinante, se carcajean y no pican. Es lo único que los hace reír. Tendré que escribir al gobernador y contárselo.
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| Sia y Joie, en la foto de despedida de Sia |
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| Al fondo Angkor Wat, que está en Restauración con lonas |
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| Angkor Wat, desde un lateral |
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| Catamarán hecho con dos piraguas y que utilizan para sacar algas de los lagos |
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| Prasat Krevan |
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| Prasat Krevan |
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| Bat Chum |
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| Estanque lleno de verde |
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| Banteay Kadei |
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| Arrozales |
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| niños en el árbol |
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| Mono viendo puesta de sol |
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| Con un grupo de admiradores de Rociante. Uno de ellos, me la quería comprar |
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