Soy el padre de Miguel y éste blog, lo inicié cuando el comenzó su viaje de Pozuelo de Alarcón a Sydney. Eran mis impresiones pues él, ademas, tiene su página web: www.viajarenbicicleta.com. Ahora yo inicio el mío y él y yo, de momento, nos comunicamos poco. Por tanto, este blog, a partir de ahora, será más de mi viaje, aunque teniendo en cuenta que nos encontraremos, en algún momento será de los dos. Prohibida cualquier reproducción total o parcial, incluidas las imágenes, del mismo.
Objetivo:
viajar en la bicicleta, Rocinante, por diferentes culturas. Vivirlas, empaparme de ellas, de la lentitud del viaje, de las sensaciones, olores, sonidos, emociones y consecuencias. Ser esponja del mundo que me rodea en cada momento. Crecer un poco más, para ser más humano, sencillo, abierto. Y compartirlo.
De momento, Vietnam, Camboya, Tailandia, Malasia...
De momento, Vietnam, Camboya, Tailandia, Malasia...
jueves, 29 de diciembre de 2011
miércoles, 28 de diciembre de 2011
Kuraburi-Takua Pa. 53 km. Tailandia. 2.949 km
Rocinante ha rodado como la seda, después de la limpieza y la engrasada de ayer. Ni un ruido más que los que hacían mis rodillas. Primero la derecha y luego la izquierda, para equilibrar. Pero que pelmas que són.
Hoy no he tenido ni liebre ni conejos en todo el camino, jopé, y así no hay quien monte.
Sólo he viajado, no he echo paradas más que las imprescindibles porque, a pesar de haberme levantado temprano, entre recogidas, desayunos y despedida del Jefe del Templo, acabé saliendo tarde.
También hice una parada para cortarme el pelo, que ya hacía falta. Lavado, 3 manos, cardado, corte, recorte, afeitado y masaje del cuero cabelludo, una hora y media y, encima no me quería ir. Cuando han terminado, he dicho que empezaran de nuevo, que me gustó mucho pero cuando dicen que no, es que no.
también me dolían las rodillas un poquito y no tenía ganas de montar, total, que entre que voy de kilómetros para llegar a Phuket (me sobra un día), que unas cosas y otras, al llegar aquí, decidí quedarme.
Y comprar cables de frenos y cambio, que no llevaba ni uno de repuesto. También he desmontado el disco trasero para lavarle, la pinza y las pastillas, porque ayer se manchó de aceite y patina estupendamente, pero frenar, no frena ni un poco. Ahora frena más, pero no como antes.
Y una recomendación a los viajeros. Que lleven 2 tarjetas de crédito diferentes, porque cuando te falla la que tienes, te quedas vendido.
Hoy he tenido que pedir el favor, en una gasolinera, que me dieran dinero a través de ella, ya que para hace compras y pagar, sí que sirve, pero para los cajeros, no. Y me han cobrado una bonita comisión que he pagado hasta con gusto, pues iba bastante pelado.
La carretera no ha sido mala, curvas y subidas y bajadas constantes, pero no fuertes, excepto un par de ellas, que tan poco eran muy acusadas, pero el viento lo he llevado de frente y eso sí que es un fastidio.
Laem Son (National Park) Kapoe-Khura Buri. 90 km.
Hoy Eolo, no ha jugado conmigo al ping pong, afortunadamente. Ha echo viento, sobre todo por la mañana, pero de una manera mucho más moderada y, salvo unas ráfagas tempraneras, durante el día ha ido decreciendo a medida que yo me alejaba del resort.
Había quedado para desayunar, es decir, para que estuviera el desayuno a las 7 de la mañana. A esa hora, tenía prácticamente todo guardado y preparado para salir, así que tras el desayuno estupendo (he decidido engordar un poco, o al menos, no adelgazar más), me puse en marcha viendo los carteles de sutnami y los altavoces de avisos a la vera de la carretera.
Amanecio precioso y, a punto estuve, de acercarme a ver la mar, porque ayer me dejó un recuerdo imborrable.
No lo hice, sobre todo por el miedo al viento de ayer, no se repitiera hoy, dado que los primeros 9 kilómetros lo llevaba totalmente de frente, y a que la etapa de hoy, para llegar a Phuket, era de 85 kilómetros que, con el ping pong, me parecían demasiados.
Así que, viento de frente y por paisajes dignos de Asturias, pero propios de aquí, fui tan soñando y gozando que llegué a la carretera principal, sin apenas darme cuenta.
Aquí el viento, que ya digo, que aún siendo fresco, no arreciaba, entraba por la aleta de babor, rolando a popa, a estribor y teniendo que ceñir a rabiar, en algunas ocasiones. O sea, que ha habido de todo.
Esta carretera, la 4, por esta zona y la de ayer y la de …., la recomiendo totalmente. Es una maravilla, con selvas, grandes montañas, cascadas secas, ríos de montaña, mariposas e incluso un alfiler de boda que me he encontrado en la cuneta y que ahora llevo para quitarme las siguientes espinas que me clave. Pero bonito a rabiar.
Zizageando, con subidas tirando a normales y razonables trozos de llanos, de repente, llegué a la "gran cuesta". La de graduación. Y la he subido como un campeón. En primer, por supuesto, y a una velocidad de entre cinco y siete km/h., ni más ni menos, jajaja. Era larga, muy larga y muy inclinada, una auténtica joya para escaladores profesionales como yo. Al llegar arriba, igual que a los navegantes, al cruzar el cabo de Hornos, les anillan la oreja, a mi me han anillado la nariz, los muy bellacos, pero me han dicho que es la costumbre y les he dejado hacer.
La bajada, si no llegar a ser por el viento y que iba descascado y desenguantado, la he hecho a 57 km/h, frenando y todo, para no despegar y darme con la cabeza en una nube. Y lúego otra, un poco más suave, que ya con la experiencia, ni me he enterado, jajaja.
El viento se iba quitando bastante y el calor aumentaba en la misma proporción. Me detuve en un punto que ponía que era un lugar de recreo y esparcimiento en la naturaleza. En todos estos sitios, así como en los Parques nacionales y naturales, al entrar, hay una señal donde indica que ahí dentro, no se puede beber alcohol. Muy claro y en sitio siempre visible. Es una pena, porque justo ahí, es donde yo me tomaría un par o tres litros de wiskies con soda y aceitunas, pero nada, así que llevo todo el viaje de abstemio, que es muy sano y barato. En este sitio, había un árbol de tronco con colores, grande y hermoso y una poza, en un riachuelo montañero, que ganas me han dado de quitarme el culotte y darme un chapuzón, pero es que el desnudo está muy mal visto y no quiero molestar.
En este país, lo único que suelta humo, prácticamente, y que hace ruido son las motos. Las hay de cuatro tiempos, silenciosas y no humeantes y de dos y, como dice el refrán, motor de dos tiempos, humeantes y berrientos, jajaja.
Los templos, son cada vez más escasos, y en la misma proporción en que estos disminuyen, aumentan las mezquitas. La zona es musulmana, casi cien por cien y las mujeres van ataviadas con pañuelo en su gran mayoría. Incluso he visto a un hombre con la capucha de la chilaba totalmente inflada en su moto, la cabeza un palmo por debajo de ésta. Y como quedan cada vez menos templos, paré en uno que tenía dos guerreros con una gran porra en las manos defendiendo la puerta. También tenían a un honorable señor con gafas. Ahí me han dado agüita en abundancia para que me la llevara y me han invitado a comer, pero como eran 2 trabajadores y era su comida, he declinado la oferta y he comido de pago en un restaurante peluquería.
Los perros siguen atacando de cuando en cuando y Rocinante ha estado a punto de darle a uno una coz, de puro pesado que se ha puesto en perseguirnos. Me tienen harto y eso que no me da ningún miedo, pero un día uno cobra. Se lo están ganando a pulso y mi paciencia y la de Rocinante tiene un límite. Salen corriendo desde las casas, ladrando como locos y pegando dentelladas en el aire mientras yo les chillo como un energúmeno y diciendo improperios: me cago en tus muelas, como me baje, te enteras y cosas por el estilo. Y poco después de una de esas, me han pasado dos ciclistas. Uno, local, azicalado hasta las patillas y dos, hombre y mujer, igualmente equipados, en un tándem de carreras. Me ha dicho el primero, see you, pero como no sea en el otro mundo, en éste no me han dado ninguna oportunidad. Iban deprisa, yo creo que por los perros, huyendo como alma despavorida. Detrás, llevaban una furgoneta de lux, escoltándolos. Me he puesto a su rueda y caso desfallezco. El miedo da alas, jajajaj. No obstante, les he tomado como liebre y, aunque cada vez más lejos, en las cuestas abajo, pedaleaba como un toro y conseguía mantener la distancia, a duras penas. Cuando los he perdido de vista, los seguía con la imaginación y cuando la imaginación se ha distraído con otros temas, a lo lejos, he visto otro ciclista, éste era local y bicicleta vulgar, sin cambio ni nada, pero el cambio lo llevaba él en las piernas. En lugar de liebre, conejo. Me ha costado cogerle y si no llega a ser por una cuesta abajo, donde he metido motor a tope, hubiera tardado mucho más.
Y así, entre liebre y conejo, me he merendado los kilómetros que me faltaban para meterme por un desvío, que decía Parque Nacional. La carretera te lleva durante dos kilómetros, entre casas, hasta acabar en una ría donde tienes que coger una barca, que te lleva al Parque y a unos bungalós que hay en el. Tarda una hora larga y, aunque seguro que era precioso, he tenido que prescindir, dado el importe del barquero y, a saber de los bungalós. Me he tomado 2 zumos de naranja y he visto jugar al billar un rato, mientras descansaba.
Vuelta para atrás y 9 kilómetros más para llegar a Kura Bhuri. Aquí, he decidido dormir en un Templo. Lo he buscado y me he metido en él. Tras el consiguiente permiso, me han dado una habitación pequeñita estupenda y me he puesto, antes que nada, a limpiar y engrasar, con aceite de las singer, la cadena y la rueda trasera. Parte del día, llevaba un ruido en la rueda, cuando giraba, que no me gustaba nada. Me he dado una buena paliza mientras casi anochecía y me he puesto la camiseta hecha unos zorros de grasaza negra. Así que a lavarla y restregar muchísimo para quitar las manchas que no se iban ni a tiros. Pero ha quedado nueva, jajaja.
Y los monjes, me han traído sobres de nudles, sardinas y diferentes cafés, colacados y azucares, además de un ventilador, una máquina de calentar el agua y agua en abundancia. Lo único que no me han traído, es un plato y cuchara.
Me he preparado unos nudles, pero a pesar de que el agua ha salido hirviendo, en un plato que me encontrado, los he puesto y no se han ablandado del todo. Estaban un poco duros y mañana, seguro que tapón, jajaja. También me he metido 2 latas de sardinas y ahora me voy a hacer un colacadito estupendo. Y voy a dormir con los ángeles de Buda. Ora pro nobis.
lunes, 26 de diciembre de 2011
Ranong-Kapoe. 67 km. Eolo juega conmigo a la pelota.
Hoy me he dormido como un bendito. Normalmente, me despierto cuando se hace de día, pero hoy me he despertado a las 9 y, como pensaba que eran las 7, pues he remoloneado. Cuando me levanté, eran las 9,30. Y cuando me he puesto en marcha, las diez y pico.
Un viento huracanado casi me tumba en una ráfaga brutal y, como Wayne Gardner, he ido con las pìernas dando tumbos y haciendo eses hasta recuperar el equilibrio pero, en la pirueta, he perdido 2 kilos, jajaja, por lo menos, del susto.
Hoy el viento no era favorable, como los días anteriores, si no que soplaba lateral y era un auténtico infierno, pues me hacía ir absolutamente pendiente por las rachas potentísimas que han partido árboles, arrancado vallas y techos y roto un cable de alta tensión que nos ha dejado sin luz durante muchas horas. De hecho, acaba de llegar.
Unas veces soplaba de un lado, otras del contrario, de frente y de espaldas. Como los niños pequeños, que de puro contentos corren en todas las direcciones por la habitación.
Ayer, creo, ponía que nunca más me metía a ver una cascada porque no llevan agua, pero hoy he visto, desde la carretera, una tremendamente larga. Bajaba por la montaña desde muy arriba. Eran 2, y aunque una se veía seca, la otra parecía que tenía agua. Total, que con el viento de frente, me metí. Solo eran 300 metros, los peores de toda mi vida. Dos veces me ha parado totalmente y he tenido que echar pie al suelo para no caer. El esfuerzo, equivale a 10 km normales. Menuda paliza. Un día para no montar.
Menos mal que la carretera era menos abrupta que ayer. Así, se ha visto un poco compensado.
Paré a comer y, en el kiosco se ha volado el techo de uralita metálica mientras comíamos, a parte de llenarse la comida, bebida, pelo y ropa de polvo de porquerías que venían de todas las direcciones.
Para protegerme de una probable caída, llevaba el casco, las gafas y los guantes, que junto con el sol que ha hecho, me han permitido sudar a placer durante los 55 km de carretera. Como digo, no me he desviado nunca, y las paradas eran todas técnicas. Apenas fotos.
Cuando he llegado al pueblo, Kapoe, que consideraba límite mínimo para hoy, estaba comprando vituallas para meterme en un templo, cuando unos extranjeros, austriacos, muy buena gente, me han recomendado que me fuera a dormir a las cercanías del Parque Nacional Laem Son, un lugar, según ellos, precioso. 17Km., para atrás. Les he dicho que ni un kilómetro, jajaja, y menos para atrás, pero han insistido, ofreciendo a llevarme a mi y a Rocinante en su coche. Finalmente, me han convencido y aquí estoy, en un precioso sitio, pegado al mar, que he recorrido un poco antes de anochecer y sin pagar entrada, porque a partir de las 16,30, la entrada es gratuita.
Mañana tengo esos 17 km demás y temo a Eolo, pues si sopla como hoy, en la misma dirección, van a ser un auténtico infierno.
Un viento huracanado casi me tumba en una ráfaga brutal y, como Wayne Gardner, he ido con las pìernas dando tumbos y haciendo eses hasta recuperar el equilibrio pero, en la pirueta, he perdido 2 kilos, jajaja, por lo menos, del susto.
Hoy el viento no era favorable, como los días anteriores, si no que soplaba lateral y era un auténtico infierno, pues me hacía ir absolutamente pendiente por las rachas potentísimas que han partido árboles, arrancado vallas y techos y roto un cable de alta tensión que nos ha dejado sin luz durante muchas horas. De hecho, acaba de llegar.
Unas veces soplaba de un lado, otras del contrario, de frente y de espaldas. Como los niños pequeños, que de puro contentos corren en todas las direcciones por la habitación.
Ayer, creo, ponía que nunca más me metía a ver una cascada porque no llevan agua, pero hoy he visto, desde la carretera, una tremendamente larga. Bajaba por la montaña desde muy arriba. Eran 2, y aunque una se veía seca, la otra parecía que tenía agua. Total, que con el viento de frente, me metí. Solo eran 300 metros, los peores de toda mi vida. Dos veces me ha parado totalmente y he tenido que echar pie al suelo para no caer. El esfuerzo, equivale a 10 km normales. Menuda paliza. Un día para no montar.
Menos mal que la carretera era menos abrupta que ayer. Así, se ha visto un poco compensado.
Paré a comer y, en el kiosco se ha volado el techo de uralita metálica mientras comíamos, a parte de llenarse la comida, bebida, pelo y ropa de polvo de porquerías que venían de todas las direcciones.
Para protegerme de una probable caída, llevaba el casco, las gafas y los guantes, que junto con el sol que ha hecho, me han permitido sudar a placer durante los 55 km de carretera. Como digo, no me he desviado nunca, y las paradas eran todas técnicas. Apenas fotos.
Cuando he llegado al pueblo, Kapoe, que consideraba límite mínimo para hoy, estaba comprando vituallas para meterme en un templo, cuando unos extranjeros, austriacos, muy buena gente, me han recomendado que me fuera a dormir a las cercanías del Parque Nacional Laem Son, un lugar, según ellos, precioso. 17Km., para atrás. Les he dicho que ni un kilómetro, jajaja, y menos para atrás, pero han insistido, ofreciendo a llevarme a mi y a Rocinante en su coche. Finalmente, me han convencido y aquí estoy, en un precioso sitio, pegado al mar, que he recorrido un poco antes de anochecer y sin pagar entrada, porque a partir de las 16,30, la entrada es gratuita.
Mañana tengo esos 17 km demás y temo a Eolo, pues si sopla como hoy, en la misma dirección, van a ser un auténtico infierno.
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