Objetivo:

viajar en la bicicleta, Rocinante, por diferentes culturas. Vivirlas, empaparme de ellas, de la lentitud del viaje, de las sensaciones, olores, sonidos, emociones y consecuencias. Ser esponja del mundo que me rodea en cada momento. Crecer un poco más, para ser más humano, sencillo, abierto. Y compartirlo.
De momento, Vietnam, Camboya, Tailandia, Malasia...














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viernes, 18 de noviembre de 2011

Phnom Penh, último día.

Museo Nacional, jardines interiores

Esperando la prebenda
Esta mañana, me dedique a recorrer el Museo Nacional, que tiene cantidad de escultura de la época jemer. Lo pasee despacio, muy despacio. La verdad es que te pones a mirar lo que hacían estos antiguos con las piedras y da de sí. Supongo que cuando llegue a Angkor, quedaré impresionado por su magnitud y belleza.
Pero no quedé harto, así que para empaparme de más arte, me metí en la Facultas de las Artes, que está pegada.
A mi me pasa, que cuando empiezo a ver cosas que me llegan, me dan unas ganas tremendas de ponerme a hacer algo, yo que sé, hasta papiroflexia, si llega el caso. Pero no tenía con qué, así que me dediqué a hacer fotos de las esculturas premiadas de los alumnos, supongo que de fín de curso.
Y luego, al ordenador y al libro de Camboya, que la salida de mañana será árdua, como todas las salidas de las grandes ciudades. La idea, es levantarme temprano, con la fresca y meterme para el cuerpo los 62 km., que tengo como primera etapa. Veremos cómo funcionan las rodillas. Están empeñadas en seguir resentidas y cuando me agacho, me duelen bastante. Espero que, contando con horas por delante y yendo despacio, aguanten sin problemas.
Me asombra lo delicados que son por estas tierras. Si te metes a comer o cenar en un restaurante medio montado, que no sean los kioscos en los que yo suelo comer, aunque incluso aquí también lo hacen, al darte la vuelta de lo pagado, te dan el dinero con las dos manos, cogidos los billetes por los extremos y te los sirven como si fuera en bandeja, haciendo siempre una reverencia, y se retiran sin darte la espalda, haciendo otra reverencia antes de girarse. Y esto con una sonrisa siempre en la cara.
También me asombra cómo conducen. Vamos, lo que me asombra es como me muevo yo por estas ciudades. Puedes hacer lo que quiera, ir por donde quieras y en el sentido que más te guste. De lo que se trata es que seas suave y constante en el ritmo y en los giros, por lo demás, sin problemas. Pero cuesta ser suave y seguir para delante, cuando llegas a un cruce y te tienes que meter entre cientos de motos. Despacito, ahora pasa él, ahora paso yo, este que se mete, le ataco por detrás, sin cortarle el paso y, ahora que me meto yo, empiezan a pasar por detrás, así una y otra vez. Hasta que, sin darte cuenta y sin peligro, estás al otro lado. Pero hay como te pares por susto o por lo que sea. La lías bien liada y te pueden hasta atropellar.
Después de comer, a pasar las fotos al disco duro externo. No me gustaría perderlas, por los recuerdos tan bonitos que contienen, especialmente por mi mala memoria.
Y luego, a pasear con Rocinante, a ver las zonas nuevas, el rio, donde las parejas y los pescadores van al atardecer. También estuve viendo un juego que practican mucho en la calle. Tienen como una especie de pelota-veleta, a la que dan con el pie y se la pasan de unos a otros. Se trata de que no caiga al suelo y son muy habilidosos.
Por último, cenar y otra vez al ordenador y al libro, pero más al ordenador, para escribir al señor blog.
Y me voy volando de ésta ciudad, que aquí los dólares se salen del bolsillo volando, ellos solitos, jajaja.
El hotel, 2 botellones de agua y un refresco, 20,9$.
Museo Nacional


escultura de los alumnos

practicando el dibujo 

mordisco en la yugular





jugando a la pelota-dardo-flecha






miércoles, 16 de noviembre de 2011

Takhmau-Phnom Penh. Cambodia. 13 km.

Una cosa tengo muy clara. No me gustan las grandes ciudades. Están muy contaminadas, los precios suben a casi el doble, hay un bullicio que me resulta molesto y te pierdes en cuanto te paras a mirar un escaparate.
Tenía intención de moverme por las cercanías de esta ciudad, excursiones, pero de momento, lo que he decidido, aunque todo puede cambiar, es que mañana lo dedicaré a preparar las siguientes etapas.
Tenía previsto visitar el palacio real y la Pagoda de Plata, pero es que no me apetece ni un pelo. Vamos que no me voy mañana porque quiero descansar las rodillas, que me duelen un poco y preparar las paradas del viaje hacia Angkor (Siem Reap).
Cuando voy de ruta, viajando, me encanta lo que veo, la gente, el paisaje. Incluso la carretera, aunque sea mala. Las sensaciones son de plenitud constante, me agradan y me colman. La gente es agradable y la naturaleza me encanta.
Esta mañana, salí de Takhmau pronto, para llegar a la capi temprano y dar con la guesthouse que tenía anotada a través de la guía.
Salí como un cohete, con fuerzas reforzadas por el descanso nocturno y a un crucero de 20/25 Km/h, para ir integrado con el tráfico, que ya empezaba a ser cuantioso. Cuando llevaba recorridos como 7 Km., un gran puente para cruzar uno de los dos grandes ríos de esta ciudad. De crucero iba bien, pero tener que subirme una cuesta no estaba en mis planes. Pedaleaba al ritmo de uno, dos, tres, cuatro, uno, tres, cuatro. Cada número lo hacía coincidir con una pedalada completa y, a veces, adelantaba a algún tuctuc. pero cuando vi el puente, no me quedó más remedio que ampliar las instrucciones de marcha y echar mano de mis refranes, pareados, o como quiera que se llame: "Uno, dos, tres, cuatro, como no, lo subas, te come la lengua, el gato". Y la subí. Incluso bastante rápido, con ayuda del cambio, lógicamente.
Pasé por una plaza muy ostentosa, con un señor muy respetable en el centro, todo dorado. He hice una foto. Y llegue al hotel de la manera más directa y sencilla. Es curioso, pero dí con él a la primera.
Colgué el texto y las fotos de ayer, duchazo y a descansar un poquito. Me quedé dormido como una hora, y luego salí a comer algo y a pasear.
Es cuando me sentí mal, como pez en el desierto. ¿Qué puñetas pinto yo aquí y que me importan las pagodas de plata y el palacio del rey. Seguro que son preciosos, pero te sacan los dineros por todo y, si no te cortas, te gastas en un día, entre pitos y flautas, 25 o 30$. Ya sé que es poco para ir de vacaciones, pero a mi me rompe el presupuesto. Y, como digo, las aglomeraciones, el estar rodeado de turistas todo el día (aquí hay montonazo) y todas estas gaitas, no me interesan. Palabra. ¿Quiere moto, sir?, ¿tuctuc, sir?, ¿carrito-bicicleta sir?, ¿le llevo de crucero, sir?, ¿quiere comer, sir?¿una cerveza, sir?
La comida la resolví a mi manera, en los puestos de ellos, pero pagando el doble, lo mismo que la bebida.
Además, ¿a qué voy a hacer fotos?¿a la pagoda?. Pues no. No seré yo, que ya hay muchas y no quiero entrometerme.
Importante rotonda de Phnom Penh




Cúpula de centro comercial


Pasado por la mañana me voy. O eso creo ahora.
Y, ojo, que no digo que no valga la pena venir, que seguro que sí. Ni se me ocurre. Sólo digo que no me vale la pena a mi.
Lo que está preparando, me lo comí yo

Carrito bicicleta

así oran al ofrendar el incienso