Objetivo:

viajar en la bicicleta, Rocinante, por diferentes culturas. Vivirlas, empaparme de ellas, de la lentitud del viaje, de las sensaciones, olores, sonidos, emociones y consecuencias. Ser esponja del mundo que me rodea en cada momento. Crecer un poco más, para ser más humano, sencillo, abierto. Y compartirlo.
De momento, Vietnam, Camboya, Tailandia, Malasia...














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miércoles, 25 de enero de 2012

Alor Setar. 4 y 5 día. 25 km. 4.232 km., totales. Malasia. Malaysia. Viajar en Bicicleta. Rocinante. Capitannolas

Dos últimos días, por fín, en Alor Star. Quiero irme ya, pero necesito que abran los bancos, ya que si no, me tendré que quedar aquí de polizón, jajaja.
He dado vueltas y vueltas con Rocinante, y en una de ellas, he encontrado el puesto de mis sueños. Uno en el que venden jugo de caña de azúcar y el jugo del coco, con su pulpa. Cuánto los he echado de menos últimamente. Como escasean, me hubiera gustado comprarlo, pero ya se sabe que de dinero ando fatal en estos momentos.
También he estado viendo tijas de asiento para Rocinante. La que llevo, que es la de serie. resulta difícil de ajustar y, cuando suelto el tornillo, el asiento se queda loco, sin saber en que posición estaba, con lo que ponerlo donde quieres, resulta una ardua labor, que no siempre se consigue. Por eso llevo, desde que empecé, con problemas asientiles. Mañana, cuando haya cobrado, miraré de comprar una, aunque no sé, no sé. Eso de gastar....
La cocina de éstos países me tiene asombrado. Pena no hablar su idioma o el inglés fluidamente, para preguntar. En un puchero, tienen el arroz caliente. Siempre. A cualquier hora del día. Y luego tienen multitud de cazuelas, potes, botes, botellas, y platos con multitud de salsas, fritos, verduras, especias, etc. Cuando pides un plato, a toda velocidad echan el arroz, un poco de esto, de lo otro, pellizco de más allá, pelín de aquello, una tajada, tres rodajas de pepino, una cucharada de la salsa n1, media de la n2, otra de la n3, pizca de la n4 y 2 del a n5. Y lo pruebas, y te relames. Todo a una velocidad de vértigo. Cuando el puesto cocina bien, la gente hacemos cola para comer su plato, unos en las mesas y otros, se la llevan para comerlas por ahí.
He dormido, bañado en piscina estupenda (hoy), bicicleteado, paseado, pero no tengo más que hacer y necesito irme cuanto antes, a recorrer nuevos mundos. Me meto al interior, por todo el centro de Malasia. Creo que voy sorprenderme con la dureza de las cuestas y montañas, pero es lo que me pide el corazón y he de hacerle caso, no se ponga en huelga y la tengamos. Aún me quedan, más o menos, dos o tres días, para meterme fuerte en faena y luego, por medio de la selva, por una carretera solitaria, sin pueblos, viviendas, tiendas ni gasolineras. Paz, silencio y paisajes, seguro que alucinantes, con cuestas fabulosas.
Al ataqueeeeeeeeeee.


conjunto de puestos para cenar

esto es todo lo que vi de la fiesta de Año Nuevo. Cachis.

La suite

la magnífica piscina que tiene el hotel para el publico de Alor Star, y que para los clientes es gratis.

reproducción del interior de una casa malaya antigua


Piragua, que debe ser muy importante. (Cartel únicamente en malayo)


Alrrrrr Ataquerrrrrrrr



Mezquita deAlbukhary







martes, 24 de enero de 2012

Alor Setar. 32 Km. 4.212 km. Malaysia. Malasia. Bicicleta. Rocinante. Viajar. Capitannolas

Quien espera y no se desespera, suerte que tengo, jajaja. Eso me ha pasado hoy que, dado por sentado que no puedo evitarlo (la espera, me refiero), me he rendido a la evidencia, he cogido a Rocinante y me he ido por aquí y por allá, en busca de unas ruinas que vi cuando llegaba y que no he conseguido encontrar, a pesar de los kilómetros hechos.
Malasia, o Alor Star, como mínimo, tiene muchos coches, comparado con Tahilandia. Sobre todo coches, en el sentido que nosotros  le damos, de turismos. En Tailandia, 8 de cada 10, como mínimo, son pick up, pero aquí, eso no se estila y los turismos, de los cuales un porcentaje alto, están tuneados de una u otra manera, son abundantes y ruidosos, con unos tubos de escape especiales, que les hace resonar y que molesta, a un ciclista, al menos, jajaja.
La ciudad, es una especie de cuadrícula de avenidas hermosas, que se cruzan. En los cuadrados que dejan esas avenidas, hay otras calles más pequeñas y en ellas, las viviendas. En las avenidas, generalmente son oficinas y tiendas lo que se ve, de dos o tres pisos, máximo. Luego hay un trozo, donde están los grandes hoteles, que son más altos y oficinas pero, en general, es una ciudad bajita en alturas. Y no tiene mucho que enseñar, salvo templos y poco más.
Como a mí los templos me gustan, en mi excursión, he pasado por una mezquita, la de Masjid Al-Ghufran, y me he metido a verla y echar una siestecita, en la tranquilidad que dan sus muros. Me ha llamado la atención, la alfombra que cubre el suelo. No he conseguido ver ni una costura que una ningún trozo y se ajusta a las columnas y al perfil del edificio como un guante. Me gustaría saber cómo lo hacen pero, los fieles, no están informados y con tener el suelo blando y confortable, les basta.
También estuve en un templo budista chino, que con el año nuevo, estaba bastante concurrido, haciendo ofrendas. No son muy sonrientes estos/as monjes, no. Tampoco huraños, simplemente no les interesas, parece.
Y debemos estar en las fechas de las bodas, al pasar por la gran mezquita Zahir había, en ese momento, tres parejas de novios a los que estaban haciéndoles las fotos de rigor. Yo también he contribuido a que su imagen perdure y deseo, que su cariño, también.
Yéndome en busca de comida, he visto una parada de autobús de lo mas decó, aunque muy abandonada y me he unido a dos grupos de ciclistas para hacer un poco de piernas, pero a éstos, como a los monjes, no les interesaba mi presencia y se ha excusado. Tocaba cenar y, por fortuna, he dado con un "mercado", donde a parte de vender vegetales y otras cosas, hay puestos de comida y bebida abundantes. Cada uno hace su especialidad. Me los he recorrido todos y he elegido el más apetecible para mí. La comida, arroz, con tortitas de brotes de soja, gambas rebozadas, trozos de manzana, tofu y alguna cosa más, aparte de una salsa riquísima, me supo a gloria. Además, un zumo de naranjas.
Paseo, para ver si había fiesta, que no vi, y a dormir. Bueno, al hotel, porque a dormir, me dormí bastante tarde, que esto de no tener nada que hacer, da mucho de sí. Y sigo elucubrando sobre la ruta. Quiero ir por el centro y dejarme de costas, pero hay un tramo, de 123 km, sin habitantes, casi, y desde luego sin asentaderos donde dormir, pero creo que siempre encontraré un lugar donde poner la hamaca.














los nuevos puños de Rocinante

la nueva anilla de la tija del asiento